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La Selección Argentina está con el Pueblo, Milei con el Imperio

Milei tildó de "error inadmisible" el despliegue de la bandera de Malvinas de la Selección, luego del triunfo contra Inglaterra. La actitud desmalvinizadora de una gestión libertaria que admira a Margaret Thatcher.

18 de julio de 2026 13:00

“El tema es quién comete el error, ¿no? Es decir, en una posición de responsabilidad, ciertos errores son inadmisibles ya que podría tener consecuencias muy negativas"; expresó Milei.

Tras los intentos fallidos de censura previa de la FIFA coordinados por la ministra de Seguridad de la Argentina, Alejandra Monteoliva, y la posterior furia diplomática del Reino Unido y los usurpadores de las islas, llegó la frutilla del postre, cuando el propio presidente Javier Milei salió a cruzar al plantel nacional. En declaraciones brindadas a la prensa internacional y ratificadas en radio El Observador, el mandatario calificó el despliegue de la bandera como un “error inadmisible”.

 

Darle la espalda a los jugadores para cuidar la diplomacia del sometimiento

Con un discurso que pretende camuflarse de pragmatismo, Javier Milei ensayó una tibia defensa al afirmar que "es un sentimiento que está dentro de todos los argentinos y es perfectamente válido y lícito", pero inmediatamente se puso el traje de auditor de la FIFA y de Downing Street, al advertir que la acción de los futbolistas podría acarrear "consecuencias muy negativas" en los planos diplomático y disciplinario. Para el jefe de Estado, que los jugadores hayan sostenido con dignidad un trapo que recuerda un mandato constitucional irrenunciable constituye un "error" de gravedad institucional.

En su afán por justificar el tirón de orejas a los héroes de Atlanta, el Presidente argumentó que un partido de fútbol es solo un partido de fútbol y pretendió colgarse medallas ajenas, mencionando supuestos "avances" en los acercamientos con Estados Unidos por parte de los funcionarios Gerardo Werthein y Pablo Quirno. Sin embargo, resulta paradójico que Milei hable de "recuperar las islas en el plano diplomático" mientras califica de "inadmisible" la mayor muestra de visibilización global de la causa Malvinas en los últimos 44 años, un gesto que incluso forzó a medios británicos como The Guardian a admitir la necesidad de reabrir el diálogo sobre la soberanía.

 

El doble discurso energético y minero: alfombra roja al saqueo

La indignación presidencial por la bandera de la Selección deja en evidencia una alarmante complicidad económica con el poder colonial. ¿De qué avances diplomáticos habla la gestión de La Libertad Avanza cuando, en la realidad efectiva, no se mueve un solo dedo para frenar el avance petrolero ilegal del consorcio británico-israelí integrado por Rockhopper y Navitas en aguas de las Islas Malvinas?

El alineamiento es total. Mientras se reprende a los jugadores que juegan con la camiseta argentina, la Casa Rosada abre de par en par las puertas del continente a corporaciones transnacionales. Al declararse ferviente admirador de Margaret Thatcher, Milei habilitó que petroleras británicas que operaron ilegalmente en la cuenca de Malvinas, como Harbour Energy, desembarquen sin sanciones en el territorio continental, al tiempo que facilita que las corporaciones mineras internacionales se apropien de los recursos minerales estratégicos de la Argentina.

 

El pueblo con la Selección, el Gobierno con el Imperio

La postura de Javier Milei cierra perfectamente el círculo de sumisión que inició su ministra de Seguridad al convalidar los protocolos de censura anglo-estadounidenses en Virginia.

Intentaron prohibir banderas de las islas en los ingresos al Mercedes-Benz Stadium, amenazaron con decomisar camisetas y, cuando los jugadores se rebelaron con la bandera en la cancha, el Gobierno nacional eligió alinearse con el lamento pirata en lugar de defender el orgullo de su pueblo.

Por más que el Ejecutivo intente complacer los parámetros del libre mercado internacional y cuidar los negocios de las empresas británicas que saquean nuestro suelo y nuestro mar, la verdad quedó plasmada en el césped y en el corazón popular. Los errores inadmisibles no están en los botines de los que defienden la patria en la cancha; están en los despachos de quienes entregan los recursos de la Nación y agachan la cabeza ante el usurpador.

 

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