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El premio a la virtud y la normalización de una colonia

Un galardón privado distingue el trabajo silencioso de los isleños. El problema aparece cuando esa postal comunitaria se confunde con la naturaleza política de un territorio que la ONU continúa tratando como una cuestión de descolonización y soberanía pendiente.(*)

24 de agosto de 2026 14:33

El premio como instrumento legitimador colonial

El Pride of the Falklands Award está construido con materiales aparentemente inofensivos: voluntariado, solidaridad, vecinos que trabajan sin reconocimiento y un trofeo personalizado. FITV informó el 18 de agosto que las nominaciones ya cerraron, que un panel se reunirá esta semana para escoger al ganador y que la distinción busca reconocer precisamente a quien realiza aportes a la comunidad que suelen pasar inadvertidos. La propia emisora identifica a Tex Alazia como organizador y patrocinador del premio. Hasta allí, una historia amable. Pero hasta el nombre merece ser leído: no se llama “premio al voluntariado” ni “reconocimiento comunitario”, sino Pride of the Falklands, “Orgullo de las Falklands”. Es decir, una conducta individual virtuosa es absorbida por una categoría colectiva y territorial: quien ayuda a un vecino deja de ser solamente un buen vecino y pasa a representar aquello de lo que las islas deberían sentirse orgullosas. El mecanismo es elemental y políticamente eficaz. La comunidad se contempla a sí misma, selecciona sus virtudes, las premia y las devuelve a la pantalla convertidas en identidad. La colonia ya no necesita explicar por qué existe: alcanza con enseñarla funcionando.

Y Tex Alazia no es un nombre cualquiera dentro de esa pequeña trama simbólica. Es propietario histórico de Port Edgar Farm, establecimiento de West Falkland que posee desde 1988, según la Falkland Islands Development Corporation; años después cedió su administración a sus hijas y quedó ligado a iniciativas rurales y ambientales financiadas parcialmente mediante programas de la propia FIDC. También preside el Cancer Support & Awareness Trust, institución que el directorio oficial del gobierno isleño describe como dedicada a brindar asistencia financiera, práctica y emocional a personas afectadas por el cáncer. Su actividad benéfica tiene antecedentes concretos: organizó campañas de recaudación vinculadas al esquileo y, por esa trayectoria comunitaria, fue incluido en el sistema británico de honores. En 2021, FITV informó que Alazia había sido distinguido con la British Empire Medal en la lista de New Year’s Honours y que recibió físicamente la medalla durante una recepción especial en Government House. El dato permite entender mejor el paisaje. El hombre que hoy entrega un premio denominado “Orgullo de las Falklands” ya había sido previamente reconocido por la maquinaria honorífica del Imperio Británico. No prueba que Londres haya creado este galardón ni autoriza a inventar una orden del Foreign Office donde no la hay. Pero sí revela algo bastante más interesante: el premio surge dentro de un espacio social donde mérito comunitario, identidad isleña, instituciones locales y simbología británica están mucho más entrelazados de lo que una inocente entrega de trofeos deja ver.

La trayectoria pública de Alazia ofrece todavía otra pieza. El 6 de noviembre de 2021, la Falkland Islands Association —organización británica que declara expresamente apoyar el derecho de los isleños a decidir su futuro— realizó en Christ Church Cathedral una ceremonia dedicada a Bill y Merle Christie, figuras vinculadas con la conformación de esa asociación después de 1982. Fue Alazia quien descubrió la placa conmemorativa y, posteriormente, una fotografía de ambos en el Falkland College. La propia asociación recuerda en esa misma página su defensa de la tesis de que los isleños deben decidir el futuro del archipiélago. Otra vez: no hay aquí una conspiración secreta. Hay algo más sencillo y posiblemente más eficaz: una élite cívica pequeña, repetida y reconocible, donde las mismas personas circulan entre beneficencia, agricultura, memoria de 1982, instituciones comunitarias, honores británicos y ceremonias de afirmación identitaria. En sociedades de apenas unos miles de habitantes, esa acumulación tiene un peso enorme. El premio que Alazia organiza no necesita proclamar “estas islas son británicas”; el ecosistema cultural al cual pertenece ya presupone ese punto de partida. La ideología más eficiente es precisamente la que consigue dejar de parecer ideología.

Por eso el Pride of the Falklands funciona como una excelente cortina de humo kelper, aunque no haya evidencia para afirmar que ésa sea la intención subjetiva de quienes lo organizan. No oculta mediante censura: selecciona qué merece ser visible. FITV ofrece la escena perfecta: nominaciones cerradas, un panel que evalúa, ciudadanos generosos, un patrocinador respetado y finalmente un trofeo “personalised and kept for life”. La política colonial desaparece detrás de la pedagogía del buen vecino. Ya no hay ocupación: hay “community”. Ya no hay una identidad construida durante generaciones bajo administración británica: hay “pride”. Ya no hay poder: hay voluntariado. Es un desplazamiento retórico notable porque transforma relaciones históricas en cualidades morales. Ser solidario se vuelve ser un buen Falkland Islander; ser un buen Falkland Islander confirma la existencia de una comunidad diferenciada; y la existencia de esa comunidad termina insinuándose como argumento suficiente para naturalizar el orden político que la contiene. Ninguno de esos pasos necesita formularse expresamente. El trofeo hace algo más refinado: los da por hechos.

Ésa es la dimensión colonial que merece ser criticada. El Reino Unido aprendió hace mucho que una ocupación prolongada no se sostiene solamente con guarniciones, gobernadores o documentos constitucionales; también requiere memoria, rituales, premios, héroes civiles y pequeñas liturgias de pertenencia. El Pride of the Falklands encaja perfectamente en esa gramática. Un hombre distinguido con la British Empire Medal, recibido para ello en Government House, presidente de una entidad benéfica local y participante de ceremonias promovidas por una asociación explícitamente comprometida con la narrativa británica, organiza ahora un premio que selecciona quién encarna mejor el “orgullo” del territorio. No hace falta exagerarlo para que resulte elocuente. El colonialismo más inteligente no obliga a sus habitantes a rendirle homenaje: consigue que la propia sociedad produzca espontáneamente sus símbolos de normalidad. Y mientras la televisión enfoca el trofeo, la palabra que queda cuidadosamente fuera de cámara es justamente la que arruinaría la ceremonia: colonia.

Fuentes

Falkland Islands Television (FITV). (18 de agosto de 2026). Nominations have now closed for the annual Pride of the Falklands award... Publicación audiovisual de FITV. Fuente directa sobre cierre de nominaciones, panel de selección, finalidad del premio y condición de Tex Alazia como organizador y patrocinador.

Falkland Islands Television (FITV). (6 de mayo de 2021). Tex Alazia British Empire Medal. FITV. Registra que Alazia fue distinguido con la British Empire Medal y que recibió la condecoración durante una recepción especial en Government House.

Falkland Islands Government. (2026). Community Directory. Public Health Unit. Identifica a Tex Alazia como presidente del Cancer Support & Awareness Trust y describe los objetivos asistenciales de la institución.

Falkland Islands Development Corporation. (2023–2024/actualización web posterior). Case Studies: Tex Alazia. Identifica a Alazia como propietario de Port Edgar Farm desde 1988 y detalla proyectos rurales respaldados por programas de FIDC.

Falkland Islands Association. (6 de noviembre de 2021). Bill and Merle Christie Plaque Unveiling. Registra la participación de Michael “Tex” Alazia en la ceremonia de homenaje a los Christie y explicita la misión política de la asociación respecto del futuro de las islas.

MercoPress. (3 de enero de 2020). Falklands' farmer and charity worker awarded the BEM in the Queen's New Year Honor List. Antecedente periodístico sobre la actividad benéfica de Alazia, sus campañas de esquileo solidario y la concesión de la British Empire Medal.

(*) Observatorio de Memoria, Investigación y Soberanía Malvinas, Atlántico Sur y Antártida -UNR

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