El Instituto Nacional de Desarrollo Investigación Pesquera (INIDEP) enfrenta hoy una tormenta que no es climática, sino salarial y política. A pesar de que la flota de investigación logró en 2025 un récord de 443 días de navegación, el organismo está perdiendo su capital más valioso: su gente. Según datos recientes, una cuarta parte de la dotación de tripulantes ha renunciado o se ha jubilado, empujada por salarios que rozan la indigencia en comparación con el sector privado.
Un vaciamiento por goteo
De los 65 tripulantes que históricamente garantizaban las campañas científicas, hoy apenas quedan entre 46 y 48. La Dirección de Buques, a cargo de Alejandro Latte, se ve obligada a realizar "malabares" para cumplir con el cronograma de investigación. La razón es matemática y cruel: un marinero del INIDEP percibe hoy entre $1.000.000 y $1.300.000 mensuales, cifras que son superadas incluso por actividades informales en tierra y que resultan irrisorias frente a los sueldos de la flota comercial.
La paradoja de la soberanía
La situación es especialmente alarmante dada la presión de pesca extranjera en la milla 200 y en las aguas circundantes a las Islas Malvinas. Sin campañas de investigación constantes, Argentina pierde la capacidad de:
1. Determinar cuotas de captura: Sin datos precisos de biomasa, se corre el riesgo de sobrepesca o de subaprovechar el recurso.
2. Controlar la depredación: El INIDEP es la base científica para denunciar el saqueo de los recursos que pertenecen al patrimonio nacional.
3. Sostener la industria: Las exportaciones pesqueras aportan más de US$ 2.000 millones anuales y sostienen miles de empleos.
Gestión contra la "pared" estatal
A pesar de las gestiones ante los ministerios de Economía, Trabajo y Desregulación —este último encabezado por Federico Sturzenegger—, las respuestas son esquivas. Existe una percepción de desprecio sistemático hacia el empleo público y la ciencia, ignorando que el INIDEP no es un gasto, sino una inversión estratégica para evitar el colapso de una de las industrias más rentables del país.
Aunque existe la promesa "de palabra" para contratar 15 nuevos tripulantes, el interrogante sigue abierto: ¿Quién querrá asumir la responsabilidad de navegar y operar tecnología de alta complejidad por un sueldo que no cubre las necesidades básicas?
Sin tripulantes, los barcos no salen. Sin barcos, no hay ciencia. Y sin ciencia, el Mar Argentino queda a merced de quienes vienen de afuera a llevarse lo que nosotros, por desidia administrativa, no estamos pudiendo cuidar.