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EE. UU. Pidió “desescalar la tensión” entre Argentina y Gran Bretaña y enfrió cambio de postura

En una entrevista con la televisión británica, el embajador de Washington ante la ONU, Mike Waltz, evitó comprometer apoyo bélico a Londres ante una hipotética escalada armada y remarcó que buscarían desactivar la crisis. Calificó a la Argentina como “gran amiga” pero reivindicó la histórica “relación especial” con el Reino Unido. Sus dichos ponen un freno a la expectativa de la Casa Rosada, que anticipaba un quiebre en la tradicional neutralidad norteamericana tras los contactos de Milei con Donald Trump.

2 de octubre de 2026 14:22

En declaraciones brindadas a la cadena británica GB News, el flamante embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, llamó a “desescalar” la confrontación bilatera.

— La creciente polarización diplomática y jurídica entre la República Argentina y el Reino Unido por el control de la Cuenca Malvinas Norte motivó el primer posicionamiento público de la administración de Donald Trump. En declaraciones brindadas a la cadena británica GB News, el flamante embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, llamó a “desescalar” la confrontación bilateral y evitó alinearse de manera automática con la retórica militarista ensayada días atrás en Nueva York por el primer ministro británico Andy Burnham.

Consultado directamente sobre qué postura asumiría el Pentágono ante una eventual hipótesis de conflicto armado y si la Casa Blanca brindaría auxilio militar a Gran Bretaña en el Atlántico Sur, Waltz optó por tomar distancia y derivar cualquier resolución al despacho oval:

“Esa es una decisión del comandante en jefe. Creo que buscaríamos desescalar antes de llegar tan lejos. En términos de cualquier clase de apoyo más allá de eso, se lo dejaré a la Casa Blanca y al presidente”, sentenció el diplomático estadounidense, desestimando de plano convalidar un respaldo logístico o bélico automático a favor de las fuerzas armadas británicas.

Equilibrio diplomático y freno al relato libertario

Las definiciones de Waltz exhiben el clásico ejercicio de equilibrio estratégico de la diplomacia norteamericana, pero adquieren una lectura particular a la luz de las expectativas generadas por el gobierno de Javier Milei:

  • Equiparación de vínculos: El representante ante la ONU remarcó que “Argentina es una gran amiga de Estados Unidos”, al tiempo que contrapesó recordando la histórica “relación especial” que une a Washington con el Reino Unido. Al sostener a ambos contendientes en un plano de interlocución semejante, evitó validar los reclamos de soberanía territorial o el pretendido derecho de autodeterminación colonial.
  • El contraste con el discurso oficial: En agosto pasado, Donald Trump había sugerido a la prensa que analizaba revisar la posición estadounidense frente a la controversia austral. Aquellas afirmaciones fueron celebradas con énfasis por Milei, quien instaló públicamente la posibilidad de un cambio de doctrina favorable a la Argentina. Sin embargo, el pronunciamiento de Waltz confirma que la política exterior de Washington no ha sufrido alteraciones formales y se mantiene, por ahora, en una calculada ambigüedad.
  • Respuesta a la beligerancia de Burnham: El llamado a la contención ocurre luego de que el premier británico alardeara ante la Asamblea General de la ONU sobre el despliegue del “poder duro” y la disuasión en las islas —equiparando de manera forzada la controversia con la invasión rusa en Ucrania— y de que Downing Street convocara a la embajadora Mariana Plaza para repudiar el arbitraje internacional activado por la Casa Rosada.

La presión de los recursos y el laberinto judicial

El pronunciamiento del embajador norteamericano se inserta en un escenario donde la disputa abandonó los carriles declarativos tradicionales:

1.   La vía de la CONVEMAR: Mientras corre el plazo de dos semanas exigido por Milei antes de acudir a los estrados del Tribunal Internacional del Derecho del Mar (TIDM) en Hamburgo para reclamar medidas cautelares contra el proyecto Sea Lion, el intento de sumar a la Casa Blanca como árbitro facilitador choca contra la reticencia de Washington a pagar costos políticos con su principal aliado anglosajón.

2.   El frente corporativo: La advertencia de Waltz coincide con la aceleración de los negocios petroleros reportada por Rockhopper Exploration —que anunció la compra del FPSO OSX-1 para duplicar el bombeo diario hacia 2030— y con la ofensiva penal en Comodoro Py, donde los jueces Ariel Lijo y Julián Ercolini libraron exhortos al Reino Unido e Israel para identificar a los directores de las operadoras.

3.   La contradicción interna: En simultáneo, el frente interno argentino permanece sacudido tras la denuncia penal de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) contra la cúpula de Energía por haber incorporado al RIGI a la británica Harbour Energy —socia de Sea Lion en el pasado bajo la firma Premier Oil—, evidenciando las grietas entre la prédica soberana exterior y las concesiones económicas otorgadas en el continente.

Al pedir públicamente «bajar la tensión», Washington busca encapsular una controversia que amenaza con desestabilizar la arquitectura de seguridad marítima en el Cono Sur. Mientras Londres insiste en el statu quo colonial y Buenos Aires tensa la cuerda judicial internacional, Estados Unidos ratifica que su prioridad no es convalidar la aventura bélica británica ni regalarle un triunfo diplomático automático a la administración libertaria, sino preservar sus propios intereses en un Atlántico Sur cuya disputa de fondo sigue abierta e irresuelta.

 

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