En una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas marcada por la máxima tensión, el canciller israelí Gideon Sa’ar protagonizó un cruce histórico con la representación británica. El escenario no fue casual: Israel buscaba defender ante la comunidad internacional su cruenta ofensiva militar en la Franja de Gaza y el bloqueo económico y territorial en Cisjordania.
Para justificar lo que gran parte del mundo señala como violaciones al derecho internacional, Sa’ar recurrió a una comparación que golpeó en el nervio más sensible de Londres: la Cuestión Malvinas.
El choque: ¿Soberanía ancestral o colonialismo a distancia?
Ante las críticas de la secretaria de Estado británica, Yvette Cooper, sobre la expansión de asentamientos y la situación humanitaria en los territorios ocupados, Sa’ar lanzó un contraataque dialéctico demoledor. El canciller israelí cuestionó la autoridad moral del Reino Unido para objetar la presencia judía en lo que llamó "la cuna de nuestra civilización" (mencionando a Jerusalén Este, Shiloh y Hebrón), mientras Londres mantiene un enclave colonial a miles de kilómetros de su metrópoli.
"Señora presidenta, es nuestro país. No están a 13.000 kilómetros de nuestro país, como las Falkland Islands, que los argentinos llaman Islas Malvinas. Es una disputa que no resolvieron con Argentina hasta el día de hoy", sentenció Sa’ar ante el asombro del cuerpo diplomático.
Con este movimiento, Israel utilizó el reclamo soberano argentino como una "munición" diplomática. Su objetivo fue claro: exponer la hipocresía de Gran Bretaña, que pretende dar lecciones de integridad territorial en Oriente Medio mientras sostiene una ocupación anacrónica en el Atlántico Sur, ignorando las resoluciones de la ONU por décadas.
La trampa de la comparación
De todos modos, es imperativo analizar el trasfondo de esta "solidaridad" discursiva. Sa’ar no invoca a las Malvinas por una convicción anticolonialista, sino como un recurso retórico para validar la anexión de territorios en Cisjordania y la ofensiva en Gaza.
Al equiparar la presencia judía en territorios en disputa con la soberanía argentina sobre Malvinas, Israel intenta normalizar su propia política de asentamientos bajo el argumento de "derechos históricos", deslegitimando la postura británica, pero, al mismo tiempo, utilizando nuestra la Causa Nacional Argentina, para sus propios fines de expansionismo belicista.
La otra cara: El "socio silencioso" del despojo
A pesar de la contundencia del discurso de Sa’ar en la ONU, los hechos en el Atlántico Sur contradicen las palabras en el estrado. Mientras el canciller israelí critica al Reino Unido por no resolver la disputa con Argentina, el capital israelí se asocia con el ocupante británico para profundizar el saqueo.
- El factor Navitas: Mientras Sa’ar habla de soberanía en Nueva York, la empresa israelí Navitas Petroleum —nacida y con sede en ese país— avanza con el proyecto Sea Lion (León Marino).
- Inicio en 2028: La empresa tiene previsto iniciar la extracción de crudo argentino en 2028, operando con licencias ilegales otorgadas por la administración colonial británica.
La soberanía del oportunismo
El agradecimiento del canciller argentino Pablo Quirno de diciembre, a las declaraciones de Sa’ar ; debe tomarse con extrema cautela. Si bien es un hecho político que un aliado de Occidente exponga la doble vara británica en el Consejo de Seguridad, no podemos ignorar la contradicción de fondo.
Si Israel reconoce que el Reino Unido sostiene una disputa no resuelta a 13.000 km de Londres, ¿cómo explica que sus propias empresas financien esa ocupación mediante la explotación ilegal de hidrocarburos? La victoria dialéctica en la ONU será un simple espejismo si Israel no ordena a Navitas Petroleum retirarse de las aguas argentinas. La soberanía de Malvinas no puede ser el escudo de nadie para justificar ofensivas en otras latitudes, ni la moneda de cambio para un saqueo de recursos naturales.