La pretendida «unidad nacional» convocada por el presidente Javier Milei durante su cadena nacional sobre la Cuestión Malvinas no tardó ni veinticuatro horas en resquebrajarse desde el propio corazón del oficialismo. Este mediodía, en una entrevista radial con Eduardo Feinmann por Radio Mitre, la senadora nacional por La Libertad Avanza y figura medular del armado libertario, Patricia Bullrich, salió a defender públicamente la figura de Margaret Thatcher, trazando una forzada separación entre sus reformas de mercado y su rol como líder bélica en el Atlántico Sur en 1982.
Las declaraciones de la legisladora chocan de lleno con la retórica de confrontación expuesta horas antes por el jefe de Estado, quien había calificado a Gran Bretaña como una potencia acosada por «crisis estructurales que difícilmente tengan solución», anticipado decretos para expulsar del país a las corporaciones ligadas a la usurpación colonial.
Elogios económicos y resistencia a definirla como «enemiga»
Consultada sobre las críticas de la oposición que señalaban una contradicción entre la apelación soberana del mandatario y su conocida devoción doctrinal por la exprimera ministra conservadora, Bullrich ensayó una cerrada defensa de Thatcher:
«La mirada hacia Thatcher es una mirada respecto al cambio económico que Thatcher produjo en Inglaterra, que todos los ingleses lo reconocen (...) una sociedad llena de paros, con problemas, con una industria acabada. Llevó a convertir a Gran Bretaña en una nación moderna y en la capital financiera del mundo; mejoró la vida de todos los ingleses».
Al abordar el capítulo de la contienda de 1982, la senadora evitó deliberadamente utilizar cualquier término de condena formal hacia quien ordenó el crimen de guerra del Crucero ARA General Belgrano fuera de la zona de exclusión militar:
«Una cosa es Thatcher economista, otra cosa es Thatcher aprovechando ese momento y poniéndose al frente de la guerra. No voy a usar la palabra enemiga porque... pero era parte de una estrategia política de Thatcher contestar lo que fue la invasión a las Malvinas que realiza Galtieri».
La postura de Bullrich llegó al extremo de atribuirle al desenlace militar propiciado por las fuerzas armadas británicas un efecto institucional favorable para el país: «Indirectamente hizo lo que necesitábamos, vino la democracia», aseveró al calificar el colapso del régimen de facto tras la derrota militar.
Las dos líneas del discurso libertario
El encendido alegato pro-británico de la senadora desarticula la puesta en escena montada la noche anterior desde la Casa Rosada:
El giro discursivo expone la fragilidad de la posición oficialista. Mientras Milei intenta ahora canalizar el reclamo por Malvinas como un recurso de cohesión geopolítica —apoyándose en el alineamiento con Donald Trump—, sus principales espadas políticas continúan atadas a la doctrina que tiene a la líder conservadora británica como faro ideológico.
Un reclamo de unidad herido de origen
Al cierre de la entrevista, Bullrich intentó amortiguar el impacto exigiendo al arco político opositor sumarse al reclamo gubernamental sin cuestionamientos: «Lo usan porque no tienen cómo contestar a algo que deberían sumarse. Súmense si esto es de todos».
Sin embargo, la apelación a una causa común queda desautorizada por la propia vocera parlamentaria del oficialismo. Difícilmente pueda construirse una política de Estado para defender los recursos estratégicos en el Mar Argentino frente al avance de Sea Lion cuando, al compás de los anuncios de sanciones y bases militares, las figuras más encumbradas del espacio gobernante siguen reivindicando en los micrófonos a la figura histórica del despojo colonial de 1982.