La política exterior de la administración de Javier Milei terminó de dinamitar este jueves cualquier intento de sostener un doble discurso en torno a la Cuestión Malvinas. En el seno de la Cuarta Comisión (Política Especial y de Descolonización) de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la representación argentina optó por abstenerse en la votación de un proyecto que ratificaba y profundizaba la histórica Resolución 1514 (XV) contra todas las formas y manifestaciones contemporáneas de colonialismo.

El alineamiento automático con la agenda exterior de Estados Unidos no solo relegó al país al rol de mero furgón de cola del hemisferio norte, sino que vulneró directamente el pilar jurídico y multilateral más sólido que ampara la posición argentina sobre el archipiélago austral usurpado por el Reino Unido desde 1833.
Clave de bóveda del reclamo argentino
Para entender la gravedad del hecho, es necesario recordar que la Resolución 1514 —adoptada en 1960 y conocida como la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales— consagra en su párrafo 6° el principio de integridad territorial: ningún intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es compatible con los propósitos y principios de la Carta de la ONU. Sobre esa base inamovible se edificó la célebre Resolución 2065 (XX) de 1965, que reconoce la disputa de soberanía y desmantela la pretensión británica de invocar la «autodeterminación» para una población implantada.
El proyecto votado este jueves buscaba precisamente reforzar las herramientas contra las “formas modernas y contemporáneas de dominación colonial”, logrando una contundente aprobación por 85 votos a favor, 49 en contra y 23 abstenciones. Mientras naciones del Sur Global con las que el país ha compartido tradicionalmente trincheras de descolonización —como Brasil, México, Sudáfrica y la India— votaron de forma coherente en favor de la resolución, la Cancillería argentina eligió refugiarse en la abstención junto a un reducido pelotón alineado acríticamente con la Casa Blanca.
Del discurso de utilería al entreguismo real
La decisión en la ONU deja en evidencia la vaciedad de los gestos oficiales. Apenas semanas después de que el propio presidente ensayara en Nueva York palabras de ocasión contra el colonialismo y recordara que la autodeterminación «no puede consagrar situaciones nacidas de la colonización», su propia diplomacia actuó en sentido diametralmente opuesto. La impostura de la "defensa soberana" o las amenazas administrativas a empresas petroleras británicas en aguas fueguinas caen por su propio peso cuando el Estado renuncia a condenar el colonialismo en los foros donde se libra la batalla legal y política contra el invasor.
La justificación de fondo que movilizó a Washington a rechazar la iniciativa —impulsada originalmente en este período por la Federación Rusa— radicó en evitar cuestionamientos a medidas y sanciones económicas coercitivas. Sin embargo, para la República Argentina, subordinar un principio irrenunciable de descolonización a conveniencias geopolíticas ajenas representa un acto de irresponsabilidad estratégica flagrante y una transgresión al mandato expreso de la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional.