— La política exterior del gobierno de Javier Milei sumó un nuevo capítulo de profundas contradicciones. En la misma semana en que la Cancillería formalizó una demanda cautelar urgente contra el Reino Unido ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar (TIDM) en Hamburgo para frenar la explotación petrolera en Malvinas, y mientras Downing Street promulgaba una legislación de bloqueo comercial (PTI Act) para desafiar las leyes argentinas, una comitiva oficial del Poder Ejecutivo nacional desembarcó en Londres para ofrecer los recursos mineros del país al capital financiero internacional.
La delegación está encabezada por el secretario de Minería de la Nación, Luis Lucero, quien viajó a la capital británica acompañado por funcionarios técnicos de las provincias de Mendoza y Jujuy para participar en la London Metal Exchange Week (LME Week), el evento más relevante del mercado mundial de metales.
La agenda en la City: minerales estratégicos y alineamiento occidental
La presencia de los emisarios argentinos en suelo británico se articula a través de dos actividades centrales:
- El “Argentina Day” en la Embajada: Este lunes 20 de octubre, Lucero y la embajadora argentina ante el Reino Unido, Mariana Plaza, encabezan una jornada de captación de inversiones dirigida a banqueros, fondos y corporaciones de la City londinense, exponiendo el potencial de los yacimientos locales de cobre y litio bajo las ventajas del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
- El foro geopolítico de la LME Week: Al día siguiente, el titular de la cartera minera participará como panelista en el Wood Mackenzie LME Forum, compartiendo estrado con directivos de firmas financieras como Appian Capital y BMO Capital Markets. La mesa abordará la “geopolítica de los minerales críticos”, el repliegue de las cadenas de suministro chinas y las facilidades que la Argentina ofrece para el desembarco del capital anglosajón.
El giro de los 1.000 días: del viaje frustrado de Milei a la misión de bajo perfil
La presencia de Lucero en Londres constituye la versión reducida de un plan diplomático de mayor envergadura que la Casa Rosada debió recalibrar sobre la marcha. A fines de 2025, el presidente Milei había anticipado al diario británico The Telegraph su intención de realizar una visita de Estado al Reino Unido durante 2026, lo que hubiera significado el primer viaje bilateral de un mandatario argentino a Londres desde la gira de Carlos Menem en 1998.
El proyecto contemplaba una reedición de la “Argentina Week” —con el despliegue de ministros y gobernadores alineados—, pero el cronograma colisionó con el viraje estratégico implementado a partir del 3 de septiembre. Tras acumular más de dos años y medio de gestión caracterizados por la relativización de la Causa Malvinas, la admiración explícita a Margaret Thatcher y el desfinanciamiento de las áreas soberanas, el Ejecutivo dio un giro de 180 grados: anunció sanciones administrativas, intimó a las petroleras Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, y trabó el litigio marítimo en Alemania.
Acorralada por la incompatibilidad política de pasear por Downing Street mientras se intimaba al primer ministro Andy Burnham, la Presidencia suspendió la visita de Milei. Sin embargo, en lugar de congelar los canales comerciales con la potencia ocupante como señal de coherencia diplomática, la Casa Rosada optó por un desdoblamiento pragmático: bajó el perfil político de la misión y envió a los mandos técnicos a seducir al mismo ecosistema corporativo que ampara a las extractivas del Atlántico Sur.
La esquizofrenia soberana
El contraste desnuda los límites conceptuales del oficialismo. Mientras el canciller Pablo Quirno expone ante foros internacionales el daño irreversible que la británica Rockhopper causa en la plataforma continental y legisladores nacionales impulsan represalias contra los barcos que auxilian a la colonia desde Chile, la Secretaría de Minería tiende puentes con los mismos fondos de inversión londinenses para concesionar la cordillera continental.
El desembarco de la comitiva en la LME Week confirma que el conflicto por los recursos del Atlántico Sur convive con una diplomacia fragmentada. Mientras el Estado argentino intenta sentar al Reino Unido en el banquillo de los acusados del derecho internacional por el saqueo de hidrocarburos, abre al mismo tiempo las puertas de su embajada en Londres para ofrecer los minerales estratégicos de la Nación al mejor postor de la City.